lunes, 27 de julio de 2026

El 01 de agosto del 2026 no es el colofón de nuestra historia republicana.


 

Jesús A. Jiménez Peraza

@jesusajimenezp

 

Venezuela vive un segmento histórico largo y doloroso,  continuamos en pleno clímax de una situación que fue advertida por muchos ilustres venezolanos, entre quienes destaco a Eduardo Fernández en su discurso ante el Congreso Nacional el 5 de julio de 1987 y, más recientemente, en algunos foros de IFEDEC, donde analizó el pentagrama de problemas que aun nos agobia  con amenazas graves para la vida del Estado.

Allí abordó la desatención a la educación, la crisis moral, ruina económica, debacle política y el deterioro de la infraestructura, causa eficiente e inmediata, por cierto, de la gran tragedia nacional sufrida en el litoral varguense, pero que  enluta a Venezuela entera.  

El socialismo del siglo XXI morigeró nuestra institucionalidad y  el sistema democrático fundado en los Poderes Públicos que deben marchar con igual fuerza, por caminos paralelos y autónomos entre sí, al ponernos  bajo la batuta única del Poder Ejecutivo.  En la práctica nos convirtió en un Estado de hecho, por lo que la solución al entuerto se orientó hacia  la fuerza, pero esta estaba también concentrada y en exclusiva en manos del oficialismo.

Hoy, en medio de la tormenta no queda otra alternativa que remar, pero creo debe ser en la forma más coordinada posible para que pueda producirse el fruto, que no es otro que alcanzar tierra firme.

Se comenta que el 01 de agosto de 2026 comenzará la recomposición, según entiendo, mediante la designación de un cuerpo colegiado integrado por miembros de la Asamblea Nacional del 2015 y en paritario con otros del 2025, bajo supervisión y aprobación de EEUU, para llegar a la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral y nuevos Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia.

Obviamente, esto es lo que se hará y así lo aceptaremos, estamos en una situación de hecho y en ella impera la fuerza. En la vía de facto, contraria a la proporcionada por el Derecho, las soluciones no están debidamente meditadas y previstas, siempre son un albur. Pero, aceptar el es” impuesto por la realidad,  no implica renunciar aldebe ser”, a nuestra opinión, como producto de análisis comparativo.

Así lo aconseja Aristóteles, el ser es un acto pero el ser en potencia, es la capacidad de alcanzar algo más. No podemos acostumbrarnos a este estado de cosas, sino verlo como una incidencia que debe conducirnos a la reestructuración de un Estado nuevamente soberano, sin injerencias ni tutelajes de allende los mares.

            La merengada ofrecida para el 01 de agosto implica  primero que perdimos nuestra soberanía interna y aceptado ese hecho, que los siguientes mecanismos que debieron cumplirse, correspondientes a  la ONU y la OEA,  tampoco tuvieron efecto porque esos organismos, como vimos en nuestra entrega anterior, tornaron sus bases en papel mojado quedando inoperativas e intranscendentes.

            Pero tampoco deberíamos hablar de la “Asamblea del 2015”, ella fue elegida hasta el 2020 y le venció su período constitucional. Se dejó minimizar por la Sala Constitucional, no sé qué debió hacer en su oportunidad, pero no hizo lo que debió hacer para defender su función pública. Se dividió por intereses subalternos, por lo que no representa la diversidad social o política nacional como algunos pretenden hacer ver;  debe rendir cuentas y no tiene derecho de actuar como cuerpo, porque esto corresponde al pleno que era de 165 diputados, y según el tema tratado debía aprobarlo  110 votos (dos terceras partes) u 83 (mitad más 1).

            Si creo debemos re institucionalizar el país y reimplantar la democracia. Para ello debemos actuar en lo posible dentro de los linderos de la Constitución Nacional de 1999, respetándola. Es cierto que ella se aprobó violentando la Constitución de 1961 que no permitía la reforma mediante Constituyente (este es otro tema tenebroso), para lo cual colaboró una sentencia viciada de la Sala Político Administrativa, cuyos integrantes también perdieron autoridad para dirigirnos. Pero las Constituciones no son pétreas y la vigente fue aprobada por una significativa mayoría de votantes, por lo que no queda más alternativa que partir de ella para todo.

            Aceptada la necesidad de institucionalizar al país, reimplantar la democracia, imponer la soberanía, aceptar lo constituido y buscar caminos constitucionales o los más cercanos a ellos, debemos seguir con la renovación escalonada de los Poderes Públicos, lo que creo debe ser en el siguiente orden, porque unos requieren de otros para formarse:

            1.- El Electoral; el Judicial y el Ciudadano. El Consejo Nacional Electoral lo designa la Asamblea Nacional, pero de la lista conformada por un Comité  de Postulaciones. Quien tiene la fuerza para revivir una Asamblea perimida y reducir la actual, debe tenerla para nombrar un Comité Especial tomándolo de diferentes sectores de la sociedad, no de cuerpos públicos porque todos están cuestionados, de manera que en tiempo perentorio presente los candidatos a Rectores Electorales a la Asamblea Nacional para su designación, quien debe cumplir el encargo sin componendas de ningún tipo.

            La designación de los Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia se delegó a un procedimiento establecido en su propia ley, donde los diputados tergiversaron el sentido de la carta magna tomándose atribuciones extras. Para estos inicialmente pudiera seguirse el procedimiento de los rectores del CNE. En muy poco tiempo deberíamos tener un Tribunal Supremo decente, cuya labor debe ser controlada por siempre, a perpetuidad, con discusiones públicas y en foros académicos sobre sus sentencias.

            Igual se deben designar, con la propuesta del Comité Especial  y  aprobación de la Asamblea Nacional a los Miembros del Poder Ciudadano, quienes como cuerpo, no sus componentes (Defensoría, Fiscalía y Contraloría), tendrán el ejercicio de sus atribuciones a futuro, lo que les excluye de opinar sobre la integración en el actual trámite de los demás Poderes del Estado.

            2.- Designados como hayan sido los tres Poderes mencionados, vamos a elecciones universales,  libres, soberanas, sin máquinas y  apropiadamente controladas para designar a los diputados y el Presidente de la República. Estas elecciones deben constituirse en la retoma de nuestra institucionalidad y el ejercicio de la soberanía por nosotros mismos. Dios bendiga a Venezuela!

jesusjimenezperaza@gmail.com

27/julio/2026.

 

 

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