Jesús
A. Jiménez Peraza
@jesusajimenezp
Venezuela vive un segmento histórico largo y
doloroso, continuamos en pleno clímax de
una situación que fue advertida por muchos ilustres venezolanos, entre quienes
destaco a Eduardo Fernández en su discurso ante el Congreso Nacional el 5 de
julio de 1987 y, más recientemente, en algunos foros de IFEDEC, donde analizó el
pentagrama de problemas que aun nos agobia con amenazas graves para la vida del Estado.
Allí abordó la desatención a la educación, la
crisis moral, ruina económica, debacle política y el deterioro de la infraestructura,
causa eficiente e inmediata, por cierto, de la gran tragedia nacional sufrida
en el litoral varguense, pero que enluta
a Venezuela entera.
El socialismo del siglo XXI morigeró nuestra
institucionalidad y el sistema
democrático fundado en los Poderes Públicos que deben marchar con igual fuerza,
por caminos paralelos y autónomos entre sí, al ponernos bajo la batuta única del Poder Ejecutivo. En la práctica nos convirtió en un Estado de
hecho, por lo que la solución al entuerto se orientó hacia la fuerza, pero esta estaba también
concentrada y en exclusiva en manos del oficialismo.
Hoy, en medio de la tormenta no queda otra
alternativa que remar, pero creo debe ser en la forma más coordinada posible
para que pueda producirse el fruto, que no es otro que alcanzar tierra firme.
Se comenta que el 01 de agosto de 2026
comenzará la recomposición, según entiendo, mediante la designación de un
cuerpo colegiado integrado por miembros de la Asamblea Nacional del 2015 y en
paritario con otros del 2025, bajo supervisión y aprobación de EEUU, para
llegar a la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral y nuevos
Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia.
Obviamente, esto es lo que se hará y así lo aceptaremos,
estamos en una situación de hecho y en ella impera la fuerza. En la vía de
facto, contraria a la proporcionada por el Derecho, las soluciones no están
debidamente meditadas y previstas, siempre son un albur. Pero, aceptar el “es”
impuesto por la realidad, no
implica renunciar al “debe ser”, a nuestra opinión, como producto
de análisis comparativo.
Así lo aconseja Aristóteles, el ser es
un acto pero el ser en potencia, es la capacidad de alcanzar algo más.
No podemos acostumbrarnos a este estado de cosas, sino verlo como una
incidencia que debe conducirnos a la reestructuración de un Estado nuevamente
soberano, sin injerencias ni tutelajes de allende los mares.
La merengada ofrecida para el 01 de
agosto implica primero que perdimos
nuestra soberanía interna y aceptado ese hecho, que los siguientes mecanismos
que debieron cumplirse, correspondientes a la ONU y la OEA, tampoco tuvieron efecto porque esos organismos,
como vimos en nuestra entrega anterior, tornaron sus bases en papel mojado quedando
inoperativas e intranscendentes.
Pero tampoco deberíamos hablar de la
“Asamblea del 2015”, ella fue elegida hasta el 2020 y le venció su período
constitucional. Se dejó minimizar por la Sala Constitucional, no sé qué debió
hacer en su oportunidad, pero no hizo lo que debió hacer para defender su
función pública. Se dividió por intereses subalternos, por lo que no representa
la diversidad social o política nacional como algunos pretenden hacer ver; debe rendir cuentas y no tiene derecho de
actuar como cuerpo, porque esto corresponde al pleno que era de 165 diputados, y
según el tema tratado debía aprobarlo 110 votos (dos terceras partes) u 83 (mitad
más 1).
Si creo debemos re institucionalizar
el país y reimplantar la democracia. Para ello debemos actuar en lo posible
dentro de los linderos de la Constitución Nacional de 1999, respetándola. Es
cierto que ella se aprobó violentando la Constitución de 1961 que no permitía
la reforma mediante Constituyente (este es otro tema tenebroso), para lo cual
colaboró una sentencia viciada de la Sala Político Administrativa, cuyos
integrantes también perdieron autoridad para dirigirnos. Pero las
Constituciones no son pétreas y la vigente fue aprobada por una significativa
mayoría de votantes, por lo que no queda más alternativa que partir de ella
para todo.
Aceptada la necesidad de
institucionalizar al país, reimplantar la democracia, imponer la soberanía,
aceptar lo constituido y buscar caminos constitucionales o los más cercanos a
ellos, debemos seguir con la renovación escalonada de los Poderes Públicos,
lo que creo debe ser en el siguiente orden, porque unos requieren de otros para
formarse:
1.- El Electoral; el Judicial
y el Ciudadano. El Consejo Nacional Electoral lo designa la Asamblea Nacional,
pero de la lista conformada por un Comité de Postulaciones. Quien tiene la fuerza para
revivir una Asamblea perimida y reducir la actual, debe tenerla para nombrar un
Comité Especial tomándolo de diferentes sectores de la sociedad, no de cuerpos
públicos porque todos están cuestionados, de manera que en tiempo perentorio
presente los candidatos a Rectores Electorales a la Asamblea Nacional para su
designación, quien debe cumplir el encargo sin componendas de ningún tipo.
La designación de los Magistrados
del Tribunal Supremo de Justicia se delegó a un procedimiento establecido en su
propia ley, donde los diputados tergiversaron el sentido de la carta magna
tomándose atribuciones extras. Para estos inicialmente pudiera seguirse el
procedimiento de los rectores del CNE. En muy poco tiempo deberíamos tener un
Tribunal Supremo decente, cuya labor debe ser controlada por siempre, a
perpetuidad, con discusiones públicas y en foros académicos sobre sus
sentencias.
Igual se deben designar, con la
propuesta del Comité Especial y aprobación de la Asamblea Nacional a los
Miembros del Poder Ciudadano, quienes como cuerpo, no sus componentes
(Defensoría, Fiscalía y Contraloría), tendrán el ejercicio de sus atribuciones
a futuro, lo que les excluye de opinar sobre la integración en el actual
trámite de los demás Poderes del Estado.
2.- Designados como hayan sido los tres Poderes mencionados, vamos a elecciones universales, libres, soberanas, sin máquinas y apropiadamente controladas para designar a los diputados y el Presidente de la República. Estas elecciones deben constituirse en la retoma de nuestra institucionalidad y el ejercicio de la soberanía por nosotros mismos. Dios bendiga a Venezuela!
27/julio/2026.
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