jueves, 23 de julio de 2026

Como papel mojado.


Jesús A. Jiménez Peraza

@jesusajimenezp

            El papel es un material de utilidad extrema, proviene de fibras vegetales, inicialmente del papiro, ha servido como envoltorio y fundamentalmente para la escritura, o sea, es testigo y contribuyente de diversas expresiones artísticas del hombre. Pero tiene un gran problema, no resiste la humedad y es frágil ante las inclemencias del tiempo, por lo que no garantiza la fortaleza y perpetuidad de su contenido. La expresión “como papel mojado” es muy común cuando queremos dejar constancia de una institución, un hecho o un acto ineficaz.

            Los tratados o convenios multilaterales nos recuerdan al papel mojado. Cuando requerimos de ellos, como refugio o bálsamo ante las omisiones en la aplicación, tergiversación por los jueces e intérpretes o ausencias de una ley nacional, constatamos esa verdad. Los convenios internacionales en Venezuela deberían ser utilizados cotidianamente porque  el artículo 23 de la CN1999 les atribuye naturaleza supra constitucional, si están relacionados con derechos humanos o la necesidad del goce más favorable de alguna garantía política.

            En ámbito internacional al Tratado de Versalles en 1919, se le imputa fundamentalmente la causa de la Segunda Guerra Mundial, aunque existen otras secundarias, fue la desproporción de condiciones que debió aceptar Alemania para concluir la primera gran guerra lo que produjo esa hecatombe con 75.000.000 de muertos e incontables lisiados, que fácilmente superaron el 3% de la población de la tierra. Por tal motivo los grandes líderes como Roosevelt, Stalin y Churchill, en paralelo al conflicto armado entre 1939 y 1945, fueron auspiciando una serie de Acuerdos, Conferencias, Cartas y Tratados previos, que permitieron el 26 de junio de 1945, con vigencia desde el 24 de octubre,  aprobar en San Francisco, California, la llamada Carta de las Naciones Unidas, con la participación de 50 Estados.

            Su fin, unánimemente aceptado, sería sustituir a la ineficiente Sociedad de Naciones; preservar a las generaciones futuras del flagelo de la guerra; reafirmar los derechos fundamentales del hombre; promover la dignidad, la justicia, el respeto y la igualdad de naciones y ciudadanos. Estos propósitos serían supervisados en forma preventiva por el Consejo de Seguridad y la Asamblea General, para garantizar la paz del mundo.

            El Consejo de Seguridad compuesto por quince Miembros  es teóricamente  el órgano más importante después de la Secretaría General, porque constituye el botón de pánico para iniciar una guerra. De ellos, cinco son permanentes, inicialmente la República de China, Francia, la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte y los Estados Unidos de América, es decir, las potencias más fuertes como forma de imponer la autoridad y mantener el equilibrio mundial, por lo que les fue atribuido en exclusiva, el llamado derecho de veto para impedir la ejecución de cualquier acción por los distintos organismos que pudieran contrariar políticas o intereses, que a bien seguro podrían potenciar conflictos.

            Antes de una década contada desde los abrazos, juramentos y derroche de champán en San Francisco, se  iniciaron las guerras de Corea y Vietnam, dos de las más importantes del siglo XX. Los miembros del Consejo de Seguridad  se hicieron más exclusivos por lo que hoy lo integran la República Popular China (la presidida por Xi Jinping), Francia, Rusia (separada de la URSS), Inglaterra (no Gran Bretaña e Irlanda del Norte)  y Estados Unidos, quienes lejos de cumplir su misión mediadora, han propiciado o colaborado como socios en grandes conflictos desde 1945.

En la práctica la Carta de las Naciones Unidas es papel mojado.

            La principal organización regional a la cual está afiliada Venezuela es la Organización de Estados Americanos, que nació el 30 de abril de 1948, sus fines según el documento constitutivo es el fortalecimiento de la paz, de la seguridad y consolidación de la democracia en América, para ello debe promover los derechos humanos y el desarrollo social, cultural y económico de la región.

            Ese documento fundamental de creación se llama Carta de la OEA y en los tres primeros literales del artículo segundo acoge expresamente, afianzar la paz y la seguridad del Continente; promover y consolidar la democracia representativa dentro del respeto al principio de no intervención, prevenir las posibles causas de dificultades y asegurar la solución pacífica de controversias que surjan entre los Estados miembros.

Hoy la Carta de la OEA es papel mojado, si bien alguna vez sentimos la utilidad de pertenecer a este grupo élite, específicamente, cuando bajo el gobierno de don Rómulo Betancourt a su solicitud sancionaron a República Dominicana por sus políticas beligerantes contra nuestro país, por órdenes del dictador alias Chapita y fue expulsada Cuba por el fomento de las guerrillas y acciones terroristas en territorio nacional, cuando más requerimos de la organización a inicios del llamado Socialismo del siglo XXI, que convirtió la CN1999 en papel mojado,  nos dio la espalda,  haciendo caso omiso a las constantes denuncias sobre la morigeración del sistema democrático donde éramos, hasta entonces abanderados, con elecciones amañadas, pulverización del sistema de administración de justicia, intromisión decisiva  del ejecutivo sobre los demás poderes públicos y la atomización de la economía, que se traduce en debilitamiento de derechos humanos.

            A principios de esta semana uno de los pocos dictadores que quedan  en el nuevo mundo, Daniel Ortega de Nicaragua, manifestó que en su país nunca más habría elecciones, convirtiendo en papel mojado la Constitución nicaragüense aprobada en el año 2021, con vigencia desde el 2022,  en cuyos artículos 7 y 51 se lee:  “Nicaragua es una República democrática. La democracia se ejerce de forma directa, participativa, y representativa. Las funciones delegadas del Poder Soberano se manifiestan a través del Poder Legislativo, Poder Ejecutivo, Poder Judicial y Poder Electoral----“  y  “Los ciudadanos tienen derecho a elegir y ser elegidos en elecciones periódicas y optar a cargos públicos, salvo las limitaciones contempladas en esta Constitución Política”.

            He leído algunas declaraciones del actual Secretario General de la OEA, Albert Ramdin, para cumplir en apariencia con las funciones de su cargo, pero ninguna proveniente de la ONU, aunque no dudo hayan cumplido ese deber formal, mientras los grandes miembros de la organización de divierten repartiendo bombas y amenazas sobre la Tierra, que por supuesto no están escritas sobre papel mojado. Dios bendiga a Venezuela!

jesusjimenezperaza@gmail.com

23/julio/2026.

 

 

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