Jesús A. Jiménez Peraza
@jesusajimenezp
El papel es un material de utilidad
extrema, proviene de fibras vegetales, inicialmente del papiro, ha servido como
envoltorio y fundamentalmente para la escritura, o sea, es testigo y contribuyente
de diversas expresiones artísticas del hombre. Pero tiene un gran problema, no
resiste la humedad y es frágil ante las inclemencias del tiempo, por lo que no
garantiza la fortaleza y perpetuidad de su contenido. La expresión “como
papel mojado” es muy común cuando queremos dejar constancia de una
institución, un hecho o un acto ineficaz.
Los tratados o convenios
multilaterales nos recuerdan al papel mojado. Cuando requerimos de ellos, como
refugio o bálsamo ante las omisiones en la aplicación, tergiversación por los
jueces e intérpretes o ausencias de una ley nacional, constatamos esa verdad. Los
convenios internacionales en Venezuela deberían ser utilizados cotidianamente
porque el artículo 23 de la CN1999 les
atribuye naturaleza supra constitucional, si están relacionados con derechos
humanos o la necesidad del goce más favorable de alguna garantía política.
En ámbito internacional al Tratado
de Versalles en 1919, se le imputa fundamentalmente la causa de la Segunda
Guerra Mundial, aunque existen otras secundarias, fue la desproporción de
condiciones que debió aceptar Alemania para concluir la primera gran guerra lo
que produjo esa hecatombe con 75.000.000 de muertos e incontables lisiados, que
fácilmente superaron el 3% de la población de la tierra. Por tal motivo los
grandes líderes como Roosevelt, Stalin y Churchill, en paralelo al conflicto
armado entre 1939 y 1945, fueron auspiciando una serie de Acuerdos,
Conferencias, Cartas y Tratados previos, que permitieron el 26 de junio de 1945,
con vigencia desde el 24 de octubre, aprobar
en San Francisco, California, la llamada Carta de las Naciones Unidas, con la
participación de 50 Estados.
Su fin, unánimemente aceptado, sería
sustituir a la ineficiente Sociedad de Naciones; preservar a las generaciones
futuras del flagelo de la guerra; reafirmar los derechos fundamentales del
hombre; promover la dignidad, la justicia, el respeto y la igualdad de naciones
y ciudadanos. Estos propósitos serían supervisados en forma preventiva por el
Consejo de Seguridad y la Asamblea General, para garantizar la paz del mundo.
El
Consejo de Seguridad compuesto por quince Miembros es teóricamente el órgano más importante después de la
Secretaría General, porque constituye el botón de pánico para iniciar una
guerra. De ellos, cinco son permanentes, inicialmente la República de China,
Francia, la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, el Reino Unido de
la Gran Bretaña e Irlanda del Norte y los Estados Unidos de América, es decir,
las potencias más fuertes como forma de imponer la autoridad y mantener el
equilibrio mundial, por lo que les fue atribuido en exclusiva, el llamado derecho
de veto para impedir la ejecución de cualquier acción por los distintos
organismos que pudieran contrariar políticas o intereses, que a bien seguro
podrían potenciar conflictos.
Antes de una década contada desde
los abrazos, juramentos y derroche de champán en San Francisco, se iniciaron las guerras de Corea y Vietnam, dos
de las más importantes del siglo XX. Los miembros del Consejo de Seguridad se hicieron más exclusivos por lo que hoy lo
integran la República Popular China (la presidida por Xi Jinping), Francia,
Rusia (separada de la URSS), Inglaterra (no Gran Bretaña e Irlanda del Norte) y Estados Unidos, quienes lejos de cumplir su
misión mediadora, han propiciado o colaborado como socios en grandes conflictos
desde 1945.
En la práctica la Carta de las Naciones Unidas
es papel mojado.
La principal organización regional a
la cual está afiliada Venezuela es la Organización de Estados Americanos, que
nació el 30 de abril de 1948, sus fines según el documento constitutivo es el
fortalecimiento de la paz, de la seguridad y consolidación de la democracia en
América, para ello debe promover los derechos humanos y el desarrollo social,
cultural y económico de la región.
Ese documento fundamental de
creación se llama Carta de la OEA y en los tres primeros literales del artículo
segundo acoge expresamente, afianzar la paz y la seguridad del Continente; promover
y consolidar la democracia representativa dentro del respeto al principio de no
intervención, prevenir las posibles causas de dificultades y asegurar la
solución pacífica de controversias que surjan entre los Estados miembros.
Hoy la Carta de la OEA es papel mojado, si bien
alguna vez sentimos la utilidad de pertenecer a este grupo élite,
específicamente, cuando bajo el gobierno de don Rómulo Betancourt a su
solicitud sancionaron a República Dominicana por sus políticas beligerantes
contra nuestro país, por órdenes del dictador alias Chapita y fue expulsada
Cuba por el fomento de las guerrillas y acciones terroristas en territorio
nacional, cuando más requerimos de la organización a inicios del llamado Socialismo
del siglo XXI, que convirtió la CN1999 en papel mojado, nos dio la espalda, haciendo caso omiso a las constantes denuncias
sobre la morigeración del sistema democrático donde éramos, hasta entonces
abanderados, con elecciones amañadas, pulverización del sistema de
administración de justicia, intromisión decisiva del ejecutivo sobre los demás poderes públicos
y la atomización de la economía, que se traduce en debilitamiento de derechos
humanos.
A principios de esta semana uno de los
pocos dictadores que quedan en el nuevo
mundo, Daniel Ortega de Nicaragua, manifestó que en su país nunca más habría
elecciones, convirtiendo en papel mojado la Constitución nicaragüense aprobada
en el año 2021, con vigencia desde el 2022, en cuyos artículos 7 y 51 se lee: “Nicaragua es una República democrática. La
democracia se ejerce de forma directa, participativa, y representativa. Las
funciones delegadas del Poder Soberano se manifiestan a través del Poder
Legislativo, Poder Ejecutivo, Poder Judicial y Poder Electoral----“ y “Los
ciudadanos tienen derecho a elegir y ser elegidos en elecciones periódicas y
optar a cargos públicos, salvo las limitaciones contempladas en esta
Constitución Política”.
He leído algunas declaraciones del
actual Secretario General de la OEA, Albert Ramdin, para cumplir en apariencia
con las funciones de su cargo, pero ninguna proveniente de la ONU, aunque no
dudo hayan cumplido ese deber formal, mientras los grandes miembros de la
organización de divierten repartiendo bombas y amenazas sobre la Tierra, que
por supuesto no están escritas sobre papel mojado. Dios bendiga a Venezuela!
23/julio/2026.
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