Jesús A. Jiménez Peraza.
En algún momento, quiera Dios más temprano que tarde, debemos superar lo que algunos llaman pomposa y orgullosamente el tutelaje, situación que sin mayor esfuerzo aprueba ese mismo sector poblacional porque, en su criterio, determinó la salida de Nicolás Maduro, hecho imposible de alcanzar con la utilización de nuestros propios mecanismos legales o los previstos por los organismos multilaterales en Tratados signados por Venezuela con anterioridad, con el frágil argumento que no teníamos soberanía por defender, porque desde hace mucho tiempo la habíamos perdido, con las políticas entreguistas ante rusos, cubanos y chinos.
Ese momento trascendente nos presentará en su justa dimensión la realidad de un país con niveles similares a los del siglo XIX, una economía pauperizada; sin infraestructura básica, consecuencialmente, sin servicios públicos aceptables y un nivel educativo que se pudiera generalizar como analfabetismo, porque un número bastante alto de nuestros bachilleres y profesionales universitarios, no tienen preparación aceptable para comprensión lectora y/o no están plenamente preparados para el ejercicio de la profesión.
Quizás para entonces hayamos entendido el error de aceptar órganos constituidos fuera de las previsiones legales y constitucionales, para determinar la conformación de los tribunales de la república y otros órganos del Estado; la imposición en el dictamen de leyes sensibles para nuestro desarrollo y la suscripción de contratos leoninos para la exploración, explotación y distribución de nuestros hidrocarburos y minerales tradicionales.
Una vez pagado el precio y superada nuestra condición como botín de guerra volveremos a los problemas y virtudes de ser venezolanos; a aplicar y respetar la Constitución Nacional vigente, que deberemos reformar pero en la forma que ella prevé, para no tropezar con la misma piedra que nos llevó a derogar la CN1961 mediante mecanismos no previstos en ella, hecho determinante permitido por la extinta Sala Político Administrativa de la Corte Suprema de Justicia, para abrir el camino al socialismo del siglo XXI o Quinta República. Llegará así el momento de escoger nuestra dirigencia en elecciones libres, directas, universales y secretas.
Hablo en futuro pero obviamente ya estamos inmersos en ese panorama. Generalmente los políticos medios son productos de circunstancias. La gran mayoría entiende su accionar como un oficio, no como instrumento para servir sino un medio para vivir. No se preparan para regir alguna instancia de gobierno, sino para acompañar a cualquiera en quien presuman posibilidades de ocupar cargos importantes dentro del Estado, porque con ese solo hecho se resuelven el futuro.
Los ciudadanos en general, tampoco están plenamente conscientes de lo que deben exigir. Se limitan a oír las promesas con absoluta independencia de las bondades abstractas que constituyen el bien común. El todo conforma una ensalada obscena: planes y ofertas amplias independientes de su factibilidad; lineamientos sobre justicia social pretendiendo titularidad de derechos sin obligaciones y la indefectible tesis de la igualdad. No les importa la elaboración de un modelo estructurado de gobierno, ni hacen un balance entre las necesidades públicas y las posibilidades reales y humanas de las que dispone el Estado para decidir con conciencia.
Hoy, con la experiencia vivida, tenemos la responsabilidad social de escoger no un buen candidato (a), sino el mejor. Debemos buscar un venezolano (a) capaz de dirigir un equipo de primer orden, de insertarnos en el concierto mundial y reconciliar al país. A tales fines los votantes, podemos utilizar algunos métodos idóneos, como recurrir al apoyo informático, a las hemerotecas, a testimonios o cualquier otro medio que nos permita una objetiva revisión de conductas pasadas, porque este candidato (a) óptimo no lo conseguiremos en el sombrero de un mago, ni lo podemos improvisar.
Entre quienes ejercen la política en Venezuela y se postulen para la jefatura del Estado, debemos captar las limitaciones de Peter, principio que grafica el nivel de competencia para el ejercicio de una función privada o pública y, de esta manera, impedir el ascenso de quien no está capacitado para tan altísima responsabilidad.
Muchos concejales y parlamentarios pasaron por las Cámaras sin hacer aportes de ideas, leyes y proyectos para mejorar la vida local o nacional, precisamente porque llegaron al tope de sus posibilidades. En contracara gerentes, profesionales y académicos tienen derecho e incluso la obligación de participar para orientar la nación hacia nuevos horizontes, siempre que hayan sido efectivos en el ejercicio de sus funciones en las diferentes áreas.
Otro instrumento para una adecuada escogencia entre la amplia gama de candidaturas es la aplicación del teorema de Baglini, según el cual los programas u ofertas electorales son inversamente proporcionales al chance del propulsor, cuando éste no tiene formación para el servicio sino que se rige conforme las variaciones en las encuestas. En caso de no tener algún candidato posibilidad de ganar una elección, hace ofertas irreales o planteamientos inconvenientes, porque sabe que no tendrá la responsabilidad de cumplir; a medida que suben las oportunidades, comienzan a cambiar los planes o pensar en las excusas para el futuro.
No es el caso de un estadista formado para servir a la república, quien con fe y seguridad en sus decisiones estudia las necesidades y proyecta las soluciones requeridas, independientemente de las tendencias electorales, porque está centrado en los requerimientos del país y los instrumentos materiales y humanos de los cuales dispondrá.
Me parece que ofrecer $5.000 a 250.000.000 de votantes, independientemente del monto de la deuda pública, del Producto Interno Bruto de EEUU y otros factores económicos y sociales a ponderar, es la materialización en extremo del teorema Baglini. No puede constituirse el oferente en nuestro modelo a seguir y, por el contario, nos obliga a buscar con urgencia nuestra propia dirigencia. Dios bendiga a Venezuela!
jesusjimenezperaza@gmail.com
13/09/2026.