Emblema de nuestra primera Constitución Nacional, sancionada el 21 de diciembre de 1811. La primera también de América Española, precedida solo por la de EEUU (1787) y la Imperial de Haití (1805).
lunes, 11 de mayo de 2020
El síndrome de Northeim.
Jesús A. Jiménez Peraza.
@jesusajimenezp
Durantelos veinte años transcurridos desde el inicio
formal de esta tragedia que vive Venezuela, suelo reflexionar sobre su génesis
y fundamentalmente, porqué ha perdurado tanto tiempo, no obstante el evidente y
justificado rechazo mayoritario de la población.
Sobre
el primer punto estoy convencido que no fue la popularidad de Hugo Chávez,
adquirida como producto de su fracasado golpe de Estado el 4 de febrero de
1992, ni la frase del “Por ahora”. Su
baja aceptación durante buena parte de la campaña electoral es una prueba de la
conclusión. Su slogan sobre la constituyente se hizo “viral”, por ausencia de otros temas, pero aquél había sido propuesto
por el Dr. Oswaldo Álvarez Paz, en la campaña anterior por lo que no podía ser
decisivo.
Creo
que la votación en diciembre de 1998, fue un rechazo que se quiso fuera puntual
y temporal contra Acción Democrática y Copei, por no haber renovado sus cuadros
de dirigentes, al contrario, antes y en campañas sucesivas, habían impuesto la reelección de Carlos Andrés Pérez en 1988 y del
Dr. Rafael Caldera en 1993, quien no se percibió como candidato convergente o
extra partido, sino como copeyano resentido por no haber recibido la
postulación verde en 1988.
Además,
en esa campaña concreta para cerrar el siglo XX,los candidatos no respondían al sentimiento
natural de la militancia. Acción Democrática lo hizo imponiendo la maquinaria interna, despreciando
absolutamente la opinión de la base partidista y Copei, había recurrido a una
corona de belleza como salvavidas flotador, ante una crisis que no supo
interpretar. El Dr. Henrique Salas Römer, fue catalogado como más de lo mismo, sin convencer a los adecos, ni a los copeyanos, ni a la
periferia de independientes puros o vinculados al estatus.
El
segundo planteamiento es más complejo, el porqué de la permanencia. Por
supuesto, está latente la parcialización de Consejo Nacional Electoral,
designado mayoritariamente sin los trámites constitucionales de rigor, sino a
través del Tribunal Supremo de Justicia. Pero este sólo razonamiento no me
satisface plenamente. No es posible que una institución se imponga sobre la voluntad
popular en forma reiterada, incluso, utilizando la Fuerza Armada Nacional. Debe
existir algo más.
La respuesta creo conseguirla en la tesis de grado del
Dr. William Sheridan Allen([i]), condensada en un libro([ii])cuyo
planteamiento central es “cómo un partido
totalitario, puede hacerse con el poder en un país civilizado”, partiendo
del hecho conocido que en la pequeña población escogida para su investigación,
Northeim, Hannover, República de Weimar
(Alemania) en 1928 había votado sólo en el 5% a favor de los nazis, elevado
exponencialmente a un 66% en 1932. Northeim era ideal para el estudio
académico, porque estaba conformada, casi en igual porcentaje por judíos,
nativos y alemanes de otras ciudades. La razón del triunfo inicial fue sustancialmente parecida a la
nuestra: “En virtud a la gran depresión
económica, sus habitantes cayeron en la trampa de la propaganda nazi,
convencidos que le devolvería el pasado esplendor”.
Para explicar cómo pudo el nazismo mantener el favor
popular, durante los años previos a la II Guerra Mundial, voy a transcribir
algunos planteamientos del libro, con los episodios y nombres germánicos, en la
seguridad que siempre conseguiremos un equivalente nacional. Ciertamente en el
caso teutón los abusos fueron más pronunciados, aunque relativamente muy similares.
Tras el triunfo en el Consejo (sic. Con
S en el libro) Municipal de Notheim, el partido oficialista NSDAP (partido
Nazi) decidió:
Primero: Convertir los
mecanismos de poder democráticos y pluralistas, en instrumentos de dictadura. No
obstante la mayoría obtenida, 15
nazistas contra 5 opositores, convinieron en aplicar el principio del líder, de manera que no había posibilidad de voto
consciente en la Cámara, sino por mandato del jefe de grupo. Además, aun cuando tuviesen votos suficientes para
cualquier moción, fueron tras la unanimidad. El más ferviente opositor anti
nazi, desde la primera reunión de Consejeros,
como se denominaban los miembros,se
declaró neutral, lo que fue calificado por sus compañeros como “un acto de judas”, pero nunca se precisó
la causa de ese alto de talanquera.
ontraviniendo
las prácticas tradicionales, la segunda sesión se celebró en un hotel y no en
el Ayuntamiento. Se caracterizó porque de los 4 Consejeros que quedaba a la
oposición, un miembro del SPD, Karl Deppe fue arrestado camino al hotel sin
causa conocida y la entrada a la sala fue controlada por la Gestapo. Para
colmo, las barras estaban absolutamente ocupadas por miembros del oficialismo,
uniformados en colores marrón y negro, que bajo el grito “heil Hitler”, acallaban las intervenciones opositoras.
La
reunión la presidió Ernst Girmann, quien advirtió a la oposición, que debían
prepararse para pagar las afrentas sufridas por Alemania, durante los años
anteriores “llenando de ser necesario,
los campos de concentración”. Sin elección, dando por descontado la mayoría
y para ahorrar tiempo, fue designado Presidente del Consejo a Heinrich Voge,
quien advirtió que “el bien común
prevalece sobre el individual”, que no daría derecho de palabra a la
oposición porque durante 14 años ya “habían
hablado bastante sin respetar al NSDAP”. Seguidamente procedió a designar a
los funcionarios locales, todos miembros del grupo gobernante. Ante las
tropelías y por sobre los gritos amenazantes Carl Querfurt, pidió a los demás
opositores abandonar la sesión, lo que hicieron con el público entonando Horst Wessel y el cierre con triple Sieg Heill.
Para
la tercera sesión, la Presidencia sustituyó a Karl Deppe porque continuaba
preso sin cargos y a Carl Querfurt, por haber propiciado el abandono de la
asamblea anterior. Fueron suplidos por dos miembros del partido nazi, con lo
cual la representación del SPD se redujo a 2 consejeros. En ella se designaron
con nuevos nombres relacionadas con el nazismo a todaslas calles de la población, se nombraron lugareños de honor a
Heidelberg, Goering y Hitler, anunciándose que las reuniones posteriores
tendrían como única finalidad aprobar las mociones que llevara el líder del grupo, lo que lógicamente
trajo como consecuencia inmediata, el abandono del cargo por los dos opositores
restantes.
Táctica
similar se llevó a cabo en la instalación del Consejo del Condado, al cual se
había anexado previamente el pueblo de Uslar, opositor, sin mayores
formalismos. Fue un acto meramente ceremonial, con la advertencia que los socialistas serían aceptados en las
sesiones, sólo si se comportaban con objetividad
extrema, no podrían aspirar a puesto alguno ni participar en los comités. Los
despidos en el Condado fueron masivos, incluidos personal de confianza y
simples obreros. En Contraloría fue designado “XX” (textual del libro), quien
había sido condenado por desfalco.
Segundo: El segundo frente de acción para la permanencia del
nazismo en el poder, lo nominó el NSDAP como el “sistema del terror”. El Poder Municipal era importante, pero el
absoluto de la ciudad, que implicaba control policial era otra cosa. Allí
estaban los nazis dispuestos a usar la fuerza de “forma despiadada y eficaz”. Para justificar el uso del poder con
esas características, hicieron creer que los socialistas y comunistas “planeaban un derrocamiento del Estado por
la fuerza”. El famoso incendio de la cervecería Reichstag, cerca de Munich,
fue aprovechado diciendo que habían encontrado armas relacionadas con ese hecho
en Northeim, a pesar de la distancia, justificando además, reunir armas y
municiones para un potencial contragolpe.
De
esta manera montó la policía nacional un poderoso cuerpo en base a rumores y
miedo colectivo. Bastaba con hacer correr la voz que algún vecino no tenía la
cruz esvástica, para que rápidamente fuera adquirida. Infinidad de casos de
aparente pequeña monta, sirven como ejemplo de cómo se fue fortaleciendo el
régimen de terror. Kuno Ruhmann, acudió a una fiesta y tras tomarse una copa de
más, le dio por imitar los gestos y la voz de Hitler en sus discursos. La
anfitriona por temor a represalias, lo denunció en la oficina policial y hasta
allí llegó la vida social de Ruhmann. No era ni tan siquiera necesario el
arresto, el temor interno reprimía de hacer o decir cuánto se quisiera, incluso
por miedo a perder el empleo y alguna ayuda oficial.
Efectivamente,
al poco tiempo los nazis no tenían necesidad de intimidar a nadie, después de
algunos escarmientos, las fuerzas
sociales naturales hicieron el resto. Los empleados que no hicieran el
saludo nazi,que no asistieran o se
ausentarán antes de la conclusión de algún acto oficialo, se aventurara con mirar fríamente a Ernst
Girmann, se consideraba había incurrido en una temeridad.
Lógicamente,
al principio hubo quienes juraron resistir y restituir la República: El Reichsbanner. “En Northeim, por lo menos,
la República fue destruida sin un solo golpe en su defensa. El Reichbanner, con
todos sus planes de movilización instantánea, acabó con sus miembros abatidos
uno por uno, sus líderes encarcelados, apalizados, expulsados mediante acoso de
sus trabajos y hogares sin la menor resistencia en conjunto”.
Siempre
temieron ejercer acciones separadas porque quedarían neutralizados ante algún
requerimiento de actuación colectiva. En balde quedaron esperando la orden de
un contraataque, que debía provenir del gobernador socialdemócrata Gustav
Noske, de Hannover. Se corrió la voz que la organización anti nazi debía
disolverse porque “pensad en vuestra
familia. No ganaremos nada con actos de heroísmo”.
Johannes
Grote, líder socialdemócrata y sindicalista, fue expulsado de su trabajo como técnico
en la planta de gas de Northeim, porque a la vez había tenido actividad
política en el Consejo de la ciudad, lo arrestaron y despojaron de sus
documentos para que no pudiera viajar. A la esposa la obligaron declarar
durante dos horas diarias durante varios días en la Comisaría. Finalmente sólo
le permitieron trabajar vendiendo jabones casa por casa, lo que aprovechó para
hacer contactos clandestinos con sus copartidarios. Este es un caso, como
ejemplo, entre decenas que se narran en el libro. La mayoría de vecinos mantuvo
un letargo político, aceptando el régimen como hecho establecido.
En
próxima entrega continuaremos con el análisis de cómo fue la introducción de la
dictadura nazi en Northein, escenario específico de lo que sucedía a gran
escala en Alemania, durante la antesala de la II Guerra Mundial. Dios bendiga a
Venezuela!
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